
En el taller de proyectos de la ETSA, en la Cartuja, un tutor tarda apenas un vistazo en decidir si tu leyenda funciona o no, tan solo eso antes de empezar a preguntar por la estructura o el programa del edificio. Uso AutoCAD desde segundo para levantar los planos de mi PFC, pero el salto a Illustrator para la representación gráfica llegó tarde y casi por obligación, después de que una compañera de curso me dijera que mi portafolio parecía un documento de Word con planos pegados encima. La frase se quedó rondando más de lo que me hubiera gustado admitir.
La leyenda fue, durante mucho tiempo, lo último que resolvía en cada entrega y también lo primero que delataba que algo iba mal. Da igual lo bien resuelto que esté el proyecto detrás: si la leyenda es una mancha gris ilegible, el tutor se queda enganchado ahí antes de mirar nada más. Con las entregas fui probando dos caminos completamente distintos para resolverla, y los resultados no se parecen en nada.
La leyenda que se pega directamente del CAD
El camino corto es copiar la tabla de materiales o de espacios tal cual sale de AutoCAD, o pegar directamente un Excel de mediciones dentro de Illustrator. Los primeros cuatrimestres hice justo eso, y el resultado era siempre parecido: cajas de texto que no cuadran con los cuadraditos de color de cada material, alineaciones a ojo que se notan a un metro de distancia y una tabla que no distingue entre lo importante y lo secundario.
Illustrator trabaja el color en modo CMYK, pensado para imprenta, mientras que el CAD maneja los colores con una lógica pensada para pantalla, y esa diferencia por sí sola puede arruinar un gris que en el monitor parecía perfecto. Ayuda llegar a este punto con la escala de exportación ya resuelta desde el CAD y con las capas depuradas de líneas duplicadas antes de abrir Illustrator siquiera, aunque esa parte del proceso da para su propio repaso en otro momento.
No es la primera vez que un programa se me resiste al intentar que encaje con un plano a escala real. Antes de meterme con las leyendas seguí un tutorial de Photoshop para retocar renders de presentación, convencida de que me iba a resolver media entrega, y nunca conseguí que ese acabado encajara bien con los planos técnicos: quedaban como dos lenguajes pegados con celo, uno fotográfico y otro de líneas duras. Con la leyenda copiada tal cual pasaba algo parecido: cada pieza tiraba hacia un lado distinto.
Construir la leyenda desde cero en Illustrator
El segundo camino es más lento al principio y mucho más rápido después: construir la leyenda como una pieza propia dentro de Illustrator, sin heredar del CAD nada que no sea la información en bruto. Lo que cambió todo fue pasar mis parches de color a Muestras Globales. Si el tutor me decía que el tono de la madera estaba demasiado oscuro, cambiaba un único color en el panel de Muestras y el ajuste se actualizaba solo, tanto en el plano como en la leyenda, sin ir cuadro por cuadro buscando qué relleno se me había quedado desincronizado.
Para los iconos que se repiten, como una toma de tierra o un símbolo de ventilación, dejé de copiar y pegar la misma forma cincuenta veces y empecé a usar el panel de Símbolos. Editas el símbolo maestro una vez y cambia en toda la lámina a la vez, algo que en una sección de instalaciones con muchos iconos repetidos ahorra una tarde entera de clics.
La leyenda tampoco flota nunca por libre: encaja siempre dentro de los mismos márgenes que uso para el resto del panel, algo que dejé por escrito en mi sistema para crear una retícula de portfolio coherente, y que también decide cómo reparto el resto de la composición antes de maquetar un solo plano. El grosor de línea del recuadro de cada ítem sigue la misma lógica de detalle que el resto del dibujo técnico, algo que até en otra entrada sobre grosores de línea para la tesis, y la tipografía de la leyenda obedece las mismas reglas de legibilidad que uso en el resto del portafolio, nunca reglas propias solo para ese rincón de la lámina.
Cuando un icono necesita recortarse a una forma muy concreta tiro de máscaras de recorte, y si la leyenda tiene que representar una textura de fachada uso pinceles que reservo casi siempre para el collage arquitectónico en Illustrator de mi portfolio, donde esos mismos pinceles trabajan mucho más. También prefiero vincular los planos en vez de incrustarlos dentro del archivo de Illustrator, para que la leyenda se actualice sola si cambio algo en el original sin tener que reexportar nada, y alguna vez he jugado con los modos de fusión para que el fondo de la leyenda no compita visualmente con el plano, aunque esa exploración da para otro artículo aparte.
La jerarquía dentro de la leyenda copia la del propio plano. Si un muro de carga pesa más visualmente en planta, el título de esa leyenda pesa más que la descripción de los acabados, y con eso basta: no hace falta ponerlo todo en negrita para que se entienda.
Cuándo compensa cada camino
Copiar la tabla del CAD directamente no es siempre un error. Cuando lo que necesito es enseñarle a mi tutor un avance a media semana, sin pulir nada, para saber si el proyecto va en la dirección correcta, la tabla rápida cumple de sobra y me ahorra el tiempo que le dedicaría a las Muestras Globales o a los Símbolos. El problema aparece cuando esa misma tabla llega intacta hasta la entrega final: ahí ya compite con las láminas del resto de la clase, y se nota enseguida.
Para una entrega final, para el pliego que va al plotter y después al tribunal, el camino largo es el único que compensa. Si además vas a integrar la leyenda en un plano de escala mayor, como me pasó al vectorizar mapas para arquitectura en mi tesis, el sistema con símbolos y muestras es directamente el único que aguanta ese nivel de exigencia.
Lo que cambió en la corrección de mi PFC
Recogí el primer pliego A1 con la leyenda nueva en la copistería de al lado de la escuela, y lo desenrollé sobre el mostrador para revisar que nada se hubiera movido en la impresión. Di dos pasos atrás, hacia la puerta, y el texto pequeño de la leyenda seguía leyéndose perfectamente desde ahí, algo que jamás me había pasado con las versiones pegadas del CAD. No sabía si aquello iba a bastar para la corrección, pero fue la primera señal clara de que el camino largo había merecido la pena.
Ese mismo pliego llegó a la mesa de corrección unos días después. Mi tutor, que suele ser exigente con la legibilidad, se quedó mirando la sección longitudinal sin preguntarme qué significaba cada material o dónde empezaba la cimentación, algo que hasta entonces siempre pasaba. La jerarquía de la leyenda hablaba sola: los colores estaban alineados con los textos y todo parecía parte del mismo sistema, no un añadido de última hora.
Cómo lo resuelven Bea y Rut, cada una a su manera
Bea Montes, mi compañera de taller de proyectos desde segundo, resuelve sus leyendas de un modo que a mí nunca me ha salido bien: mezcla acuarela real con retoque digital en sus láminas de concurso y consigue una textura que ningún pincel de Illustrator imita del todo. Cada vez que ve mi lámina con la retícula tan marcada me dice que le falta mano, y probablemente tenga razón, pero a cambio la mía se lee sin esfuerzo desde el otro lado de la mesa, que es justo lo que necesito un jueves por la mañana con el tribunal esperando.
Rut Casado, que lee el blog desde Buenos Aires y siempre pregunta las cosas más técnicas en los comentarios, me escribió hace poco para saber si el panel de Símbolos se comporta igual en la versión de Illustrator que tiene ella, un par de actualizaciones por detrás de la mía. No lo sabía con certeza, así que lo probé en una versión anterior antes de contestarle: el flujo aguantaba igual, solo cambiaba la posición de un par de menús.
Ninguno de los dos caminos es el correcto de forma absoluta. La tabla pegada del CAD todavía me sirve para avanzar rápido a mitad de semana, y el sistema construido en Illustrator es el que saco cuando la lámina va a colgar delante de un tribunal o a imprimirse en A1. La diferencia, al final, no está en qué programa uses, sino en para qué momento de la entrega estás resolviendo la leyenda.