
El cursor lleva un rato clavado sobre una polilínea que se niega a cerrarse, mientras en la pantalla de al lado tengo repartida la lámina de mi PFC porque en un solo monitor no me cabe entera. Llevo desde segundo de carrera usando AutoCAD para dibujo técnico en arquitectura, y aun así, mirando ese formato A1 (594 x 841 mm, el estándar ISO 216 que en la escuela se da por sabido), noté algo que llevaba tiempo evitando: los grosores de línea no seguían ningún criterio y los muros se confundían con el mobiliario. No era un problema de talento para el dibujo. Era que sabía trazar en AutoCAD, pero no sabía proyectar con él — y en Sevilla, donde cada entrega de PFC compite con las de compañeros que ya han resuelto la presentación además de la técnica, eso se nota en la mesa de crítica.
Divulgación rápida antes de seguir: escribo esto como estudiante y también como afiliada de Hotmart, así que si compras algo a través de los enlaces de este blog me llevo una comisión, sin coste extra para ti. Lo cuento porque todo lo que menciono aquí lo he probado con mis propias entregas, no es una recomendación de oídas.
Dos láminas, la misma PFC: lo que separaba una entrega floja de una que se sostiene en la presentación
Tengo dos láminas guardadas en la misma carpeta del proyecto y compararlas es como ver a dos personas distintas. La primera es de cuando daba por hecho que, después de tantos años usando el programa, ya dominaba AutoCAD por pura acumulación de horas. La segunda es la que estoy terminando de ajustar ahora, con capas nombradas con criterio y una jerarquía de líneas que se lee sin esfuerzo. Entre una y otra no cambié de programa: cambié de forma de trabajar dentro del mismo programa, algo que empezó cuando decidí dejar de parchear con tutoriales sueltos y apostar por Autocad Master para ordenar la base.
La diferencia se nota incluso antes de abrir los archivos. En el escritorio, entre las miniaturas de las carpetas de todos mis proyectos, la del PFC actual se reconoce al instante — la geometría del plano ya dice de qué proyecto se trata, sin necesidad de leer el nombre del archivo. Con la lámina antigua eso no pasaba: la miniatura era un amasijo gris indistinguible de cualquier otro plano a medio hacer.
Un archivo técnico intachable no es suficiente en una crítica de treinta segundos
Ordenar el archivo cambia más de lo que parece. Cuando las capas están bien nombradas y siguen un criterio consistente, exportar deja de ser una lotería de sorpresas de última hora. Ese tipo de limpieza da para un artículo entero por sí solo, así que si te interesa el detalle, lo desarrollé en simplificar planos de AutoCAD para entregas de arquitectura.
Pero aquí está el problema que tardé en aceptar: por muy limpio que esté el archivo técnico, un plano resuelto con Autocad Master sigue siendo un plano para obra, no una lámina para una crítica de treinta segundos. Es perfecto para que un compañero de taller entienda dónde está la estructura y dónde el cerramiento, pero frío para una presentación. Necesitaba que la lámina respirase, que tuviera una jerarquía visual capaz de guiar la mirada en los primeros segundos, y ahí el archivo técnico se queda corto por diseño, no por error.
Fue ese vacío el que me llevó al Curso Adobe Illustrator CC para Arquitectos — no como sustituto de AutoCAD, sino como la capa que le faltaba a un archivo ya ordenado. El salto de un programa a otro tiene su propia lógica de trabajo, y ya escribí sobre cómo organizo ese flujo de trabajo profesional de AutoCAD a Illustrator si te sirve de referencia.
Copiar un layout ajeno no resuelve la proporción de tus propios planos
Antes de encontrar mi propio criterio de composición, probé el atajo obvio: copiar el layout de un portfolio que había visto en Behance, con la idea de que si a otra persona le funcionaba visualmente, a mí también me serviría. El resultado fue un desastre — esa retícula estaba pensada para las proporciones de sus planos, no para los míos, y al calcarla todo quedó desencajado, con vacíos donde no tocaban y plantas apretadas contra el borde de la lámina. Tuve que deshacer casi toda la maquetación y empezar de nuevo, esta vez mirando mis propios dibujos en vez de una referencia ajena.
Mi compañera de taller de proyectos, Bea Montes, resuelve sus láminas de un modo completamente distinto: mezcla acuarela y digital, escanea texturas pintadas a mano y las integra sobre la base vectorial. A mí ese proceso me genera vértigo — prefiero controlar cada trazo desde el vector porque así puedo deshacer y ajustar sin perder precisión — pero he visto sus láminas de concurso y transmiten una calidez que las mías, más técnicas, no tienen. Ninguna de las dos formas es superior: si tu fuerte es el dibujo a mano y te sobra tiempo para experimentar, la mezcla de técnicas da resultados que ningún filtro vectorial iguala; si necesitas repetibilidad y controlar la proporción entre planos con precisión, como me pasa a mí con un PFC que no deja de cambiar de escala entre láminas, el camino vectorial rinde más.
No tenía nada claro que cambiar de método fuera buena idea a esas alturas del proyecto — rehacer una lámina cuando ya llevas media maqueta del contenido resuelta da pereza y algo de miedo a estropear lo que sí funcionaba. Pero la alternativa era entregar una composición que no era mía de verdad, y eso pesaba más.
AutoCAD y Illustrator no compiten: resuelven capas distintas del mismo problema
Con el tiempo he dejado de ver Autocad Master y el Curso de Illustrator para Arquitectos como dos cursos que compiten por mi atención, y he empezado a verlos como dos capas del mismo archivo: una resuelve la construcción, la otra resuelve cómo se lee esa construcción en una crítica de treinta segundos. Sin la primera, la segunda solo maquilla un plano que no se sostiene.
Rut Casado, que sigue el blog desde Buenos Aires y trabaja con una versión de Illustrator bastante más antigua que la mía, me escribió preguntando si estos ajustes le funcionarían igual con su versión. Tuve que revisar qué partes dependían de herramientas recientes y cuáles no, y ese intercambio me recordó que casi todo lo que de verdad cambia una lámina pasa por decisiones de criterio, no por la versión del programa que tengas abierta.
Debajo dejo la ficha con el detalle de Autocad Master, valoración incluida, para quien quiera aterrizar todo esto en un curso concreto en vez de en notas sueltas de blog.
Autocad Master
Ventajas
- ✓ Fundamentos técnicos sólidos para el PFC
- ✓ Gestión de capas y CTB profesional
- ✓ Enseñanza desde cero sin vicios previos
- ✓ Dominio real del espacio papel y escalas
Desventajas
- ✘ No cubre la parte de diseño visual/estético
- ✘ Curva inicial más lenta que un tutorial rápido